2.4.09

El puerto de siempre

La eficacia de las nuevas tecnologías

¿La imagen del día? Si me preguntases, diría, sin pensarlo dos veces, ni una, ni media: Barack Obama, en Europa. Entre Berlusconi, Merkel, Sarkozy, Brown, Medvedev... Y Michelle sosteniéndole el garrote a la reina de Inglaterra Isabel II y practicando un inglés "inglés" con la esposa del primer ministro británico, Sarah Brown.

Pero en el caso de que me preguntaras y pensase... la imagen del día sería otra. Una pequeña, morena y avispada, en un puerto de mar, levantino, con una bolsa de gusanitos. La bolsa, abierta. Tiene hambre. Los ojos, medio cerrados. Le molesta el sol. Y mira al objetivo, al fotografiado, sin más, sin miedo... No está muy convencida del vestido que porta.
Los barcos, a los lados. Su madre, a su derecha.

Es un segundo de infancia... retenido por una cámara y observado, comentado y admirado durante un par de diezsegundos a lo largo de la vida. Es lo que tienen los recuerdos y el efecto de congelarlos. En albunes, marcos, memoria de cámaras... se pueden almacenar momentos y tiempos. Es lo que tienen las nuevas tecnologías: cada vez más espacio para más fotos, músicas, chuminadas y memeces.

Hace un par de años, otra muchacha, morena y avispada, recorría el mismo puerto, con bolsa de gusanitos, madre a la derecha y sol radiante. No hay foto, ni constancia del vestido que portaba... Y sin marco ni álbum, ella se sigue acordando.

27.3.09

Temblor de piernas y manos libres

El teatro toma las principales calles y plazas de Madrid

Un temblor de piernas. No como el que le ha dado al célebre actor Manuel Alexandre al recibir la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio de manos del presidente del Gobierno, Jose Luis Rodríguez Zapatero. No es de ese estilo.
Un temblor de piernas inexperto, joven, primerizo... Y algo de risa floja, nervios, miedo, soledad pasajera. Después de superar este estado, entre catatónico e hiperactivo, llega el momento. Fuera papeles, directrices y gestos fingidos... Yo soy el que no soy. Y no es esquizofrenia ni falsedad malsana ni bajo autoestima ni falta de conocimiento propio... es Teatro. Calzarse las botas, colgarse la cadena, enroscarse el anillo de un personaje para tridimensionalizar una historia. Y entonar diálogos, carantoñas, media-vueltas y reveses de un personaje. Transformar las empolvadas letras de Shakespeare en algo vivo. Y el espectador, sin pantallas de plasma de por medio. Ni palomitas asadas. Ni refrescos de pajita. Las manos tienen que estar libres. Para aplaudir o desaplaudir in situ, como en los tiempos viejos y sepultados.
Hoy se celebra el Día Mundial del Teatro. En Madrid, 'La noche de los teatros' (LNT): una iniciativa en la que más de 600 artistas pasarán nueve horas en el escenario de 107 espacios escénicos. Mucha mierda a todos: teatreros y espectadores. Pero, por favor, con temblor de piernas y manos libres.

26.3.09

Suelo impermeable

La Comunidad de Madrid estrena una ordenanza de limpieza vanguardista

Dicen que cuanto más pegada al suelo estás, más realista eres. Y más absurdeces ves. Sin querer, las ves. Y sin querer, te indigna encontrarte con ellas.
El otro día, me encontré con una, descomunal. No quise ni saludarle. Dejé que acampara a sus anchas en la estantería. Era un recorte de periódico. No, no me refiero a que la prensa sea absurda. Ella, no. Ahora, a veces, las historias, sí. Lo son y mucho.
Ha entrado en vigor en la Comunidad de Madrid la nueva ordenanza de limpieza urbana y recogida de residuos. Es vanguardista. Y abstracta. Y a-española. No digo que limpiar no esté bien... pero convertir a los ciudadanos en limpiadores forzados es cómico, es propio de una ficción de los años 80 o de una broma absurda de Gila.

Tirar un papel al suelo: de 60 a 750 euros. No separar correctamente la basura: hasta 750. Arrojar cáscaras de pipas: de 60 a 750. Rebuscar en la basura: de 60 a 750. Regar las plantas, mojando la calle: de 60 a 750. No recoger una caca de perro: de 90 a 1.500. Orinar en un árbol -ya sea un hombre, mujer o perro-: de 90 a 1.500.

Esto es lo que hay. A Michael Corleone le escuché susurrar en El Padrino: "Si no puedes con tu enemigo, únete a él". Y yo, con su permiso, añadiría: "Y cóbrale". Es la nueva forma de impartir la educación cívica. Mientras que en las aulas se reparte a pincelazos una asignatura un tanto forzada ideológicamente hablando; en la calle, sobre el suelo, a ras del suelo, se distribuye la teoría del absurdo. Estamos hablando con personas y libres. No vacas, ni moscas -con el respeto debido-.

Si quieres sentarte en un banco, comerte un bocadillo, compartir con la paloma que te vacila el último pico de pan... olvídate. Serían un par de euros por ensuciar el suelo y otros tantos por alimentar al pajarillo.
Ruego para evitar catástrofes -y más en tiempos de crisis- a los interesados en construir un mundo de ficción, consigan que las bolsas de pipas incorporen bolsa transparente para cáscaras y que el suelo de las zonas ajardinadas, sea impermeable. Diezsegundos después vuelvo a recordar "cuanto más pegada al suelo"... y me da por reírme: a ver si acaban sancionando mis pies, por pisar tierra firme.