Siento el retraso, ayer pensé demasiadas cosas y diezsegundos y me faltó tiempo para teclearlas, para compartirlas. De todo lo pensado, me quedo con esto: un plato de paella a las 14.15. Y yo sentada enfrente. Después de engullir, saborear cada grano de arroz... me quedo pensativa: ¿cómo es posible que una comida me recuerde tanto? Dicen que eso me pasa porque no soy perro, es decir, porque soy ser y humano -las dos cosas juntas-. Y es que para un perro, una pelota siempre será eso, un trozo de goma. Para mi, en cambio, puede ser nada o todo. Lo mismo me pasó ayer con el arroz. Pensé diezsegundos y pensé muchas cosas: en mi Yayi -siempre me la ha preparado-, en mi -siempre la he comido-, en la de al lado -¿le estará gustando?, en Valencia -mi ciudad natal-, en yo en Madrid -mi segunda cuidad natal- , en mi hermano cocinero -qué orgullo-, en mi sobrina de 12 meses y medio -cuándo podrá probarla-, en mis 26 años que, por cierto, ya he cumplido pero todavía no he pensado ni digerido. ¿No os pasa lo mismo? Hay cosas que son todo o no son nada, ¿verdad?